jueves, 13 de septiembre de 2018

Descubriendo a la Gatita Presumida

Hola!

Siento andar desaparecida sin dar explicación. No se me dan bien los cambios, y al centrarme en el ejercicio físico, me he olvidado de todo lo demás.

Me gustaría hacer una serie de entradas para que me conozcáis mejor en mi blog personal: Mi Rincón en un Claro de Luna. Las voy a titular “Conociendo a la Gatita presumida”, ya que es como muchos me conocéis.

El tema que quiero tratar hoy es delicado y difícil para mí, pero quiero dar el paso y contarlo.

Hola, soy Julia, y tengo ansiedad. Vale, esto no es una reunión de alcohólicos anónimos. Pero sí que es cierto que padezco ansiedad desde hace años. Y es un problema al que quiero darle visibilidad, porque seguramente todos conocemos a alguien en esta situación, pero no sabemos lo que siente. Además, muchas personas que padecen trastornos de ansiedad lo ocultan a toda costa (yo la primera) y quiero que dejemos de avergonzarnos de lo que, al fin y al cabo, es una enfermedad más.
No os puedo decir mi diagnóstico particular, porque yo misma lo desconozco. Odio la mala costumbre de los médicos (al menos los míos) de no dar los diagnósticos. A mí me gusta ponerle nombre a las cosas. Lo que sí sé es, por varias psicólogas, que tengo estrés post traumático. También fobia social y ansiedad en general. En el caso del estrés post traumático, como su nombre indica, se ha producido por un trauma. En mi caso concreto en la infancia (profundizaré un poquillo en próximas entradas de esta sección). La fobia social es el miedo a estar con gente. Y no todos los casos son iguales. En el mío, hay días que puedo hablar con cualquier persona sin problemas, y otros que me agobio mucho y tengo que huir. Y por último, la gran predominante, la ansiedad. Ahora me diréis que todo esto son trastornos de ansiedad. Sí, lo sé. Pero aún hay más ansiedad dando por saco.
Para que me entendáis un poco mejor, soy una montaña rusa emocionalmente hablando. Es decir, ahora estoy bien y en media hora, por la más mínima tontería (a veces ni yo sé por qué), ya estoy agobiada. Se puede manifestar de dos maneras (os hablo de mi caso particular): siento el agobio y la ansiedad, pero solamente yo soy consciente de ello (es lo que me pasa la mayoría de las veces), o me da un ataque de ansiedad, en cuyo caso, rompo a llorar, respiro muy rápido y siento la necesidad de huir.

¿Cómo es mi día a día? Bastante normal. Con picos de ansiedad (de la que solo yo noto). Por suerte, cada vez tengo menos ataques (¡bien!). Tomo mucha medicación para controlar mi estado de ánimo (esa que hasta yo a veces dudo que haga algo, pero es la que hace que hoy sea como soy y no esté mucho peor). Vosotros no lo sabéis, pero he llegado a estar fatal, con varios ataques en el mismo día, e incluso tuve que renunciar a seguir mis estudios de laboratorio por culpa de esta maldita enfermedad. Cuando la gente critica mi medicación, e incluso me dicen que me atonta y que no la necesito, suelo responder lo siguiente: “Una persona se rompe una pierna y le dan calmantes. No le vas a decir que no se los tome, puesto que le duele mucho. Pues en el caso de la ansiedad es igual, yo no estaría así si no me estuviera medicando”. Es cierto que la medicación no es una varita mágica. En el caso del dolor, te tomas un calmante y se te pasa, pero con la ansiedad no funciona así. Por ello, también voy a terapia con una psicóloga. Ir a una psiquiatra y a una psicóloga no es motivo de vergüenza. Ni de debilidad. Ni es de gente “loca”. Es querer combatir una enfermedad (porque eso es lo que es la ansiedad).

La psicóloga habla conmigo, tratamos temas bastante difíciles (hay días que salgo llorando de la consulta, así que ese mito de que te dicen lo que quieres oír os lo acabo de derribar de un plumazo), pero necesarios para poder avanzar. Es difícil dar con el profesional adecuado para ti. He pasado por tres psicólogas antes de encontrar a esta, con la que reconozco que estoy avanzando muchísimo.
¿Por qué os cuento todo esto? Por dos motivos: el primero, dar visibilidad a las enfermedades mentales, esas grandes desconocidas, pero que muchos padecemos (incluso sin saberlo). El segundo, que me conozcáis un poco mejor y sepáis que no es fácil para mí ser estudiante o llevar un blog, sin embargo, me gusta intentarlo. Quienes me seguís por Instagram, sabéis que me dieron una matrícula (como las de coche) con mi nombre por sacar más de un 9,5 de media este curso, algo que hace unos años sería impensable, y de lo que me siento tremendamente orgullosa. Voy pasito a pasito, pero sé que algún día llegaré a ser quién yo quiero ser.


Esta entrada forma parte de una nueva sección llamada Descubriendo a la Gatita Presumida. Pronto os contaré más cosas sobre mí.


Espero que no se os haya hecho muy larga, pero tenía que contarlo. Creedme, me siento mejor conmigo misma.

Un besazo enorme y gracias por leerme!! :)

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